Don Quijote los veía como gigantes con brazos de dos leguas contra los que lanzarse en batalla, pero hoy, los molinos de viento (o aerogeneradores, para ser técnicamente correctos) son la segunda fuente de generación de energía eléctrica de España, según datos de la asociación empresarial eólica, 2017. Más allá de luchar contra ellos, la apuesta por la implantación de energías renovables como la eólica parece una estrategia clave para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, así como para garantizar la sostenibilidad e independencia de nuestro sistema energético.

Sin embargo, el uso de estos aerogeneradores tiene también su lado oscuro: con palas que llegan a medir 80 metros de punta a punta (lo equivalente a 6 autobuses en fila), los aerogeneradores de eje horizontal son fuentes importantes de contaminación acústica y visual, y ponen en grave peligro a la fauna local (SEO Birdlife estimó en 2012 entre 6 y 18 millones de muertes de aves y murciélagos a mano de los parques eólicos de España).

En términos de eficiencia energética y de recursos, los aerogeneradores tampoco se llevan el oro: sus grandes dimensiones implican una colocación muy espaciada entre unos y otros, lo cual conlleva el uso de mucho terreno para un número reducido de aerogeneradores, y este espacio debe ser todavía mayor para evitar que las corrientes de aire generadas por uno interfieran con las que recibe otro.

                                                                                                          Photo by Matt Artz on Unsplash

Si bien los aerogeneradores de eje vertical pueden estar más cerca unos de otros debido a su diseño y tamaño, también sufren del mismo tipo de interferencias, lo que aumenta de nuevo el espacio que puede ocupar el parque eólico. Pero es aquí donde la biomímesis juega un papel fascinante. Verás…

Intrigado por la innovación inspirada en la naturaleza, John Dabiri, biofísico de CalTech (Instituto de Tecnología de California), profesor en la Universidad de Stanford, y ganador de la prestigiosa beca de la MacArthur Foundation, comenzó a plantearse el problema de la ineficiencia energética de los aerogeneradores y se fijó en los bancos de peces para encontrar la solución.

Photo by Johnny Chen on Unsplash

Los peces suelen moverse en grandes grupos. Lo hacen por protección, pero también porque consumen menos energía en conjunto. Esto ocurre porque los peces que se encuentran en la primera línea de avance generan pequeñas corrientes de agua con su aleteo, sobre las cuales los peces de detrás pueden dejarse llevar, casi como si estuviesen surfeando. Inspirándose en este fenómeno, Dabiri decidió experimentar con la colocación de los aerogeneradores emulando los patrones de posicionamiento de los bancos de peces y… ¡voilà!

Video: Caltech Field Laboratory for Optimized Wind Energy (FLOWE)

La naturaleza, con sus 3.800 millones de años de evolución, ha logrado diseñar sistemas y procesos capaces de optimizar el uso de recursos y energía como no lo hace ningún sistema humano (todavía). Por ello, te invitamos a que, desde tu propia disciplina, observes, estudies y trates de emular sistemas naturales tan comunes como los bancos de peces, ya que puede suponer un antes y un después en el modo en que diseñamos el mundo que nos rodea. Si te animas, nosotros te contamos cómo hacerlo.

Por Pablo Ahijado Aparicio.

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